22 junio 2010

El arte de volar: infancia en los años 20

Desde una perspectiva global, la novela gráfica El Arte de volar (ediciones de Ponent, 2009) ya ha recibido el reconocimiento público del bien hacer de sus dos autores Antonio Altarriba y Kim (Premio 28 Salón Internacional del cómic de Barcelona al mejor guión, mejor obra y mejor dibujo 2010). En esta investigación mi propósito es realizar un análisis parcial, distanciándome del entusiasmo expresado en la entrada del 2 de Junio “EL ARTE DE VOLAR, de Antonio Altarriba y Kim”. Desde una perspectiva de género, es interesante observar las imágenes que nos hablan de la construcción cultural de la masculinidad y la feminidad en el pasado reciente del Estado Español. Por respeto a los derechos de autor, el número de las viñetas mostradas es limitada, pero son suficientes para reflexionar sobre el amoldamiento forzado del protagonista de la historieta al modelo de “hombre” vigente en la sociedad de aquel momento, desde su infancia hasta su vejez. 


Antonio Altarriba, el guionista de El Arte de Volar, toma la voz de su padre para contar su historia de vida, conciliándose con el suicidio de su padre a los noventa años; “mi padre tardó noventa años en caer de la cuarta planta” (Altarriba, 2009:15). A esta frase le sigue el comienzo de la narración que cuenta la dura infancia de Antonio, que nació en una familia humilde en el ámbito rural de Peñaflor, Zaragoza:

“Con ocho años dejó de ira la escuela para trabajar en el campo” (…) “Yo, que ya soy un solo yo, nunca me encontré a gusto en esa casa. Y de no ser por mi madre, no habría conocido los afectos familiares”. 
(Altarriba, 2009: 19)

El autor, haciéndose uno con la voz y experiencia de su padre, en un ejercicio de empatía imaginativa, nos muestra la cruda realidad de un chico de ocho años cuya infancia está marcada por el trabajo duro en el campo, la obediencia ciega a un padre avaricioso por la posesión de tierras, la rivalidad competitiva entre hermanos y los azotes -tanto de sus dos hermanos mayores como de su padre-. La madre, ausente en la representación gráfica, aparece mencionada en la narración como la única que aportaba algo de afecto. 

Este niño que crece atrapado en un pueblo del que desea salir al cumplir los catorce años, me recuerdan al poema El niño yuntero, de Miguel Hernández:

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

(…)

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

(…)

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.


Infancias marcadas por un trato familiar que hoy se considera maltrato y explotación infantil. Niños hechos hombres a través de la violencia de otros hombres. Según Gil Calvo, la masculinidad es una máscara o disfraz que hay que adoptar en público para ser reconocido como un hombre; hacerse hombre consiste en enmascararse, “pues la masculinidad siempre es una máscara; una prótesis extracorpórea de naturaleza fálica, en tanto que metáfora de la erección a la que alude” (Gil Calvo, 2006: 25). Así entendida, la virilidad sería una experiencia trágica de elección e intento de preservación de una máscara que fingiese un estado de erección permanente abocada al fracaso, a la castración (o pérdida). Una máscara siempre puesta a prueba por las miradas de los otros que dictaminan si se es vencedor o perdedor, “las dos grandes máscaras que tensan la construcción de la masculinidad”. (Gil Calvo, 2009: 26). El ganador de la batalla quedaría como digno de su máscara triunfal, a modo de patriarca, mientras que el vencido queda públicamente desenmascarado como perdedor, hombre fracasado. En el caso de la España de los años 20, la máscara de la masculinidad comprendía el uso de la violencia para la supervivencia ante el despotismo patriarcal y la competitividad fraternal

REFERENCIAS: 
Gil Calvo (2006): Máscaras masculinas, Editorial Anagrama, Barcelona.
Poema El niño Yuntero, de Miguel Hernández, desde la web Poemas del alma.