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18 agosto 2010

El poder económico en España. Una, Grande y Libre de Carlos Giménez (Glénat, 2003)



A diferencia de otros álbumes que hablan sobre el franquismo, Carlos Giménez e Ivá identifican un nuevo agente opresor en España. Una Grande y libre: el capitalismo. Una nueva forma de poder dictatorial impune frente a la que el pueblo no parece tener forma de organización o resistencia. “Jet society” ofrece un retrato del multimillonario que disfruta del privilegios del paraíso fiscal de Suiza, una historieta con plena vigencia en la actualidad. La forma en que trata el funcionamiento de la bolsa al equipararla a estratagemas políticas de poderosos para boicotear la vida democrática de la ciudadanía en la historieta “Pim Pam Pum” se asemeja al sentir actual de la ciudadanía en tiempos de crisis económica. Las historietas “Morituri” y “Hermano, ¿me das 10 centavos?” retratan la corrupción política del prototípico político gordinflón adinerado igualándolo a un ladrón. 


Una de las historietas más interesantes de este álbum es “El Mercado”, basado en la parábola del depósito de agua de Edward Bellamy (1897) que explica el origen del capitalismo y su fin utópico por el empoderamiento de los trabajadores que tanto inspiró a otros escritores marxistas. Menos optimista es “Diccionario básico elemental”, donde los autores definen gráficamente varios conceptos clave de la realidad de finales de los setenta que sorprenden por su contemporaneidad:


Referencias:
Bellamy, E. 1897: Relato La parábola del depósito de agua. Desde la web Voz Obrera.

02 octubre 2009

Cuerda de presas: prisiones para las mujeres



Cuerda de Presas (1) es un cómic formado por diez historietas sobre la experiencia de algunas mujeres que fueron encarceladas durante la posguerra, escritas por Jorge García y dibujadas por Fidel Martínez. El libro me ha sugerido la prisión como metáfora o instancia simbólica desde la que comprender la vida de las mujeres de este tiempo. En los títulos de las siguientes entradas hago alusión a los diferentes tipos de prisiones que no sólo han vivido las mujeres:

- Condena del pensamiento divergente
- La desigualdad de género por ley
- Ser puta o ser esposa-madre
- Violaciones en el cuarto oscuro
- Vigilancia y castigo
- La prisión del franquismo para las mujeres
- La negación de la descendencia: maltrato infantil y olvido
- El analfabetismo


Condena del pensamiento divergente

El contexto histórico de las historietas de Cuerda de Presas (1) hace referencia al final de la guerra civil en 1939, cuando muchas mujeres y hombres que colaboraron con el proyecto republicano fueron condenados a prisión por juicios militares tras la aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de Febrero de 1939 . Esta ley se promulgó con la intención de “liquidar las culpas políticas contraídas por quienes contribuyeron con actos u omisiones graves a forjar la subversión roja y a entorpecer el triunfo providencial e históricamente ineludible del Movimiento Nacional”. La primera historieta, Entre rejas, narra la historia de una protagonista anónima cuya experiencia podría corresponderse con la de gran número de mujeres y hombres que fueron apresados por haber estado afiliados a agrupaciones “rojas” (2). Para las personas nacidas en democracia es difícil imaginar una ley que castigue a alguien por su ideología, pero al final de la guerra civil, los derechos de la democracia eran sólo un sueño perdido por una pesadilla difícil de soportar. El régimen de vida en las cárceles, como cuenta la historieta, era “celular”, de veinte horas de celda al día y cuatro de patio, donde “la enfermedad, el hambre y los fusilamientos eran hechos cotidianos”. Debido a la opresión franquista, el 90% de los intelectuales se exilió de España:


“Tras la guerra, la educación y la prensa son tomadas por los ideólogos del Régimen, haciéndose por ello prácticamente imposible la cultura, tanto por la ínfima calidad de sus productos como por no dejar expresarse otras opiniones que las suyas.” (3)



REFERENCIAS:
(1) Cuerda de Presas, escrito por Jorge García y dibujado por Fidel Martínez, Astiberri, 2005.

(2) Sobre las ideologías políticas simbolizadas por el color rojo, puede verse la entrada “Azul y rojo: dos colores simbólicos, dos ideas de España”

(3) Equipo Reseña (1977): La cultura española durante el franquismo, Ediciones Mensajero, Bilbao, p145.

La desigualdad de género por ley

La proyección de las sombras de las rejas en la última viñeta de la historieta Entre Rejas, en el libro Cuerda de Presas (1), me parece una metáfora visual muy valiosa para reflexionar sobre la paradójica experiencia de “liberación” de una presidiaria en el contexto de opresión franquista:



La legislación franquista del Nuevo Estado derogaba todos los derechos igualitarios conseguidos por la República a favor de una legislación patriarcal, con leyes discriminatorias que relegan a las mujeres a lo privado y lo doméstico, reconociendo la familia como célula “primaria, natural y fundamento de la sociedad” (2). La ley franquista prohibía y anulaba los matrimonios civiles y el divorcio, penalizaba el aborto, restringía el trabajo remunerado de las mujeres casadas con la prohibición de ejercer determinados trabajos como la abogacía, el notariado y la diplomacia. Se castigaba la infidelidad de las mujeres en el matrimonio y se establecían modelos educativos diferentes para los niños y las niñas. Incluso a finales de los años 60 las mujeres seguían dependiendo de la autorización del representante legal -que debía ser un varón- para ejercer el comercio, enajenar bienes, ser tutora, e incluso para acceder al trabajo remunerado.

En España el pensamiento que alimentaba los míticos ideales de la masculinidad y feminidad era conformado por el nacionalcatolicismo que extendía su instrucción a las mujeres a través de la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera con el lema: “el fuego, los lares y el telar” (3). El ciudadano soldado era el modelo ideal de masculinidad, mientas que para las mujeres el modelo era el de la esposa y madre ejemplar, teniendo como figuras míticas a Isabel de Castilla y Teresa de Jesús; símbolo de obediencia y laboriosidad silenciosa. La asimetría de género que sobreviene con el franquismo se debe a la recuperación de los mitos del pasado imperial que une la unidad nacional con la identidad católica. Las mujeres, por nacimiento y condición biológica, se consideraban impropias para el trabajo intelectual (incompatible con la feminidad y la maternidad), por lo que su función social se reducía a la reproducción y cuidado de los progenitores. A las mujeres se les imponía el modelo hegemónico burgués de ama de casa (4) de la Revolución Industrial, que comprendía la separación de la esfera productiva asociada al ámbito público de la fábrica y el trabajo remunerado propiamente masculino, de la esfera reproductiva, ligada al ámbito privado del hogar y al no trabajo (remunerado) femenino. En este contexto, algunas mujeres intentaron conseguir reformas del ordenamiento jurídico que eliminasen las discriminaciones de género, mientras se sumaban a la lucha antifranquista, pero no fue hasta la muerte de Franco en 1975 cuando organizaron las primeras Jornadas Estatales por la Liberación de la Mujer.



REFERENCIAS:
(1) Cuerda de Presas, escrito por Jorge García y dibujado por Fidel Martínez, Astiberri, 2005.
(2) Domínguez Prats, Pilar; García-Nieto París, Mª Carmen: “Franquismo: represión y letargo de la conciencia feminista, 1939-1977” en Anderson, Bonnie S.; Zinsser, Judith P. (2007): Historia de las Mujeres. Una historia propia, Crítica, Barcelona, pp. 1184-1191.
(3) Nielfa Cristóbal, Gloria (2003): Mujeres y hombres en la España franquista: sociedad, economía, política, cultura, Editorial Complutense, 2003.
(4) Roca I Girona, Jordi: “Madre y esposa a la vez. Construcción y negociación del modelo ideal de mujer bajo el primer franquismo” en Nielfa Cristóbal, Gloria (2003): Mujeres y hombres en la España franquista: sociedad, economía, política, cultura, Editorial Complutense, 2003, pp 45- 65.

Puta o esposa-madre


Según la historieta Entre rejas, del libro Cuerda de Presas (1), las mujeres fueron retiradas del frente “acusadas de propagar enfermedades venéreas que los hombres contraían en la retaguardia”, lo que les hizo volver a “la vieja prisión de ser esposas y madres”. El contagio de enfermedades de transmisión sexual aparece en la historieta como un mal causado por las mujeres cuando se trataba de un asunto propio de los burdeles y las prostitutas en tiempos en los que el uso del preservativo era algo aún lejano. Vemos que la salida de las mujeres al frente las lleva al estatus de “putas”, y esto las relega, de nuevo, al espacio doméstico de las funciones maternas o a trabajos propios de las mujeres como la costura y la confección de uniformes de soldados. La historieta plantea la interpretación de la diferencia sexual como condicionante biológico que hace de las mujeres siervas de las necesidades masculinas: en el espacio privado, asegurar la preservación de los descendientes y en el espacio público, satisfacer los deseos sexuales de los hombres o confeccionar sus uniformes; sin ser posible plantear otras opciones para las mujeres…


Violaciones en el cuarto oscuro

Cuerda de Presas hace la función de testimonio traumático que transmite las torturas de las mujeres en las cárceles durante el franquismo, en el formato ficticio, gráfico y narrativo del cómic. El dibujo de Fidel Martínez, de rasgos expresionistas cercanos a la abstracción, nos permite tomar distancia del dolor representado (distancia icónica) haciéndonos conscientes del dramatismo de las experiencias narradas desde el claroscuro y la dureza de sus trazos, (desde lo simbólico). Cuerda de Presas colabora en la inscripción del dolor en la historia colectiva al insertar el “saber traumático” que se desprende de los testimonios de las mujeres, en la cultura, y darles un significado simbólico que traspasa lo unipersonal (1).

Torturas corporales, violaciones, maltrato corporal y psíquico
parecen ser la norma del régimen carcelario. La violación y la violencia física son una invasión del territorio corporal que puede asemejarse a la invasión de pueblos, que obedece a la necesidad de marcar las parcelas de tierra y los cuerpos de las mujeres; “distintas caras de un prisma que proyecta una imagen subordinada de las mujeres, objetiviza sus cuerpos y propone a la agresividad como uno de los componentes indispensables de la masculinidad" (2). El cuerpo se convierte en objeto deshumanizado: “y es justamente porque el cuerpo no es un objeto, sino el vehículo del ser en el mundo que se une al ser humano en una época precisa, que el objetivo último del agresor y sus cómplices es el de convertir el cuerpo femenino en el objeto receptor de una violencia doble: la primera, patriarcal y estructural, y la segunda, política, ya que los totalitarismos son la manifestación radical del patriarcado (3). (…) Tú eres mía y puedo hacer contigo lo que me da la gana”, es el discurso articulado del agresor que se desarrolla en la total impunidad.”



REFERENCIAS:
- Cuerda de Presas, escrito por Jorge García y dibujado por Fidel Martínez, Astiberri, 2005.
(1) María José Palma Borrego, «Violencia y cuerpos traumatizados: duelo y melancolía en los testimonios orales de mujeres durante la guerra civil española (1936-1939) y la posguerra» , Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2009, [En línea], Puesto en línea el 31 mai 2009. (URL: http://nuevomundo.revues.org/index56118.html) Consultado el 01 octobre 2009.
(2) Cuestión de Vida, CLADEM 2000, (Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer), en el artículo de Ana Navarrete “Performance feminista sobre la violencia de género. Este funeral es por muchas muertas”, desde
la página de la exposición Cárcel de Amor.

01 octubre 2009

Vigilancia y castigo


En el cuarto oscuro, la desnudez destruye los mecanismos de protección, ella queda reducida a un objeto de goce por el agresor perverso, la mirada insidiosa es la primera que invade la intimidad. La identidad es el segundo objetivo del torturador: los puñetazos en la cara y la deformación del rostro son las estrategias de ataque. La invasión del sexo, la penetración del cuerpo no es más que el colofón final del acto de apropiación, uso y devaluación del cuerpo reducido a deshecho. El resto que queda de la experiencia, el rastro que la recoge, rechaza y reelabora, queda en la memoria:

“Así, tenemos una memoria auditiva, olfativa, visual, ligada todas ellas por el recuerdo, el mismo que les hace revivir muchas emociones. Las mismas que reviven en el acto testimonial y que les ayuda a encontrar ese espacio psíquico en donde, pasado el tiempo, las experiencias traumáticas deberían estar ya situadas para que no duelan (1). Memorias en efecto, y entre ellas por ejemplo, la de Victoria Pujolar militante del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), o la de Alicia Herraiz del PCE (Partido Comunista de España), Carmen Antoñana Bonafou del PCE, Sara Berenguer Lahosa de la CNT, Victoria Gómez Sáez del PSOE, y Libertad Fernández La Fuente del PSOE, entre otras muchas... (2)


REFERENCIAS y REFLEXIONES:
- Cuerda de Presas, escrito por Jorge García y dibujado por Fidel Martínez, Astiberri, 2005.



(1) Me pregunto si es posible que, pasado el tiempo, a nivel individual, estas experiencias pueden dejar de doler. Y me pregunto también si, a nivel colectivo, olvidar ese dolor no nos lleva a hacernos inconscientes ante los abusos de poder.


(2) María José Palma Borrego, «Violencia y cuerpos traumatizados: duelo y melancolía en los testimonios orales de mujeres durante la guerra civil española (1936-1939) y la posguerra» , Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2009, párrafo 49 [En línea], Puesto en línea el 31 mai 2009. (URL: http://nuevomundo.revues.org/index56118.html) Consultado el 01 octobre 2009.



La prisión del franquismo para las mujeres

“La seriedad de un banco, la caridad de un convento, la disciplina de un cuartel” es el lema de las prisiones que ilustra muy bien tres ejes principales sobre los que se establece la dictadura franquista: la economía capitalista, la iglesia y el ejército. Tres sistemas basados en estructuras jerárquicas de poder que las pensadoras feministas han identificado como patriarcales. El patriarcado ha servido para señalar la generalización de la hegemonía de un sistema familiar, social, ideológico y político con el que los hombres -a través de la fuerza, la presión directa,la tradición, la ley, o el lenguaje, las costumbres, la educación y la división del trabajo- determinan cuál es o no el papel que las mujeres deben interpretar con el fin de estar en toda circunstancia sometidas a ellos (1). A pesar de la crisis actual de los modelos patriarcales (2), se trata de un sistema de hondas raíces políticas, culturales y psicológicas que no son fáciles de identificar ni erradicar porque podemos considerarlas “normales”, no “normativas”, y por tanto, sus formas pueden perpetuarse y encarnarse en nuestros cuerpos, nuestros deseos, nuestra vida.

REFERENCIAS:

(2) Castells, Manuel; Autor Martínez Gimeno, Carmen (2001): La era de la información. Economía sociedad y cultura: el poder de la identidad, siglo XXI, p 163.

La negación de la descendencia: maltrato infantil y olvido


Una de las historietas más cruda de Cuerda de Presas es Montaña, nubes, cielo, que cuenta la pesadilla de un niño que teme que le hagan olvidar su nombre. La historieta nos sitúa en la prisión de Saturrarán, donde por orden del ministerio de Justicia se decreta el traslado de todos los niños mayores de tres años. “Los que traicionan a la patria no pueden legar a la descendencia apellidos honrados”, por tanto, los niños y niñas son separados de sus madres, a ellos les envían al auxilio social y a ellas a una institución religiosa. Jesusa consigue no olvidar su nombre que lee cada mañana en las montañas, las nubes, en el cielo.


El analfabetismo

El límite de nuestras celdas me ha parecido la Historieta más entrañable de Cuerda de Presas porque todo en este universo oscuro parecía desesperación, maldad, enfermedad, muerte… Sin embargo, en El límite de nuestras celdas se forja una amistad basada en el intercambio de saberes entre mujeres: la escritura y la confección son las herramientas de supervivencia. A las protagonistas “les va la vida en ello”. Mercedes Martín quiere aprender a coser bien para trabajar en el Ropero Caridad de las monjas y tener esa miseria que le ayudaría a comprar algo de comida ya que la alimentación de las presas parece estar basada en sopas aguadas y alimentos en mal estado. Su amiga no sabe leer ni escribir pero desea ensanchar los límites de la celda a través del intercambio de palabras con el exterior. En una cultura digital saturada de lecturas y escrituras es difícil imaginar el valor de aquellas cartas escritas a mano, donde apenas se podía decir nada que no se censurara, quedando sólo el pulso vital que animaba la vibración de la letra para decir “estoy viva”.
 

11 septiembre 2009

El infierno nazi: los campos de concentración


 (Viñeta de la historieta Mi tío, que estuvo en el infierno, con guión de Jose Luis García Almoraza y dibujo de Ricardo Olivera Almozara, Fritz, en el libro Nuestra Guerra Civil, 2006, Ariadna Editorial)


La historieta escrita por José Luís García Almozara, primo del dibujante Fritz (Ricardo Olivera Almozara) nos acerca a la intranquilidad de una familia que espera noticias de uno de sus seres queridos, cuyo paradero no fue conocido hasta que no pasaron más de veinte años después de su desaparición. Mi tío, que estuvo en el infierno nos presenta al padre del guionista y tío del dibujante, que tras combatir en la guerra civil con la División 43 (defensora de la II República española), fue herido y dada la superioridad del ejército nacional, tuvo que exiliarse en Francia, donde fue recluido en el campo de prisioneros de Argéles-Sur-Mer. Allí, José Luís Almozara coincidió con su hermano Rosendo que intentó animarle a volver a España, cosa que Pepe no hizo por el temor a las represalias por haber combatido a favor de la II República. En las viñetas de esta historieta que he seleccionado, vemos cómo las mujeres sufren las amenazas de los poderosos debido a la afiliación política de sus seres queridos, cuya ideología podía estar o no en consonancia con la de las mujeres que, en silencio, habían de sufrir en sus cuerpos las consecuencias de ser madres, hermanas o hijas de los opositores





(Viñeta de la historieta Mi tío, que estuvo en el infierno, con guión de Jose Luis García Almoraza y dibujo de Ricardo Olivera Almozara, Fritz, en el libro Nuestra Guerra Civil, 2006, Ariadna Editorial)


La historieta continúa con el traslado en condiciones infrahumanas del protagonista al campo de concentración de Mauthausen. Según el texto de Ángel del Río que precede la historieta, los prisioneros republicanos fueron declarados “rotspaniers” (rojos españoles) y fueron deportados al campo de exterminio de Mauthausen, ubicado en Austria. Entonces, el gobierno de Franco negó la condición de españoles a los republicanos e impidió toda posibilidad de repatriación. Mauthausen era un campo de no retorno cuya función era exterminar a los opositores del régimen nazi mediante la muerte en la cámara de gas, inyecciones letales y aplicación sistemática de prácticas de tortura y trabajos forzados que terminaban con la salud y los cuerpos de los presos. La vida en el campo de concentración se reducía a supervivencia en condiciones extremas de hacinamiento, hambre, enfermedad, humillación, tortura y degradación, pero Ángel del Río nos recuerda que la unión de los republicanos antifascistas consiguió crear lazos de solidaridad y resistencia que posibilitaron la supervivencia de los que han vivido para contarlo. José Luís Almozara fue trasladado primero al campo de concentración de Gusen donde murieron otros 200.000 reclusos de diferentes nacionalidades y después, al Castillo de Hartheim, “el célebre centro de eliminación sistemática de discapacitados físicos e intelectuales indignos de vivir, el castillo del horror donde utilizaron a personas para sádicos e inhumanos experimentos médicos”.Los trazos claros con que Frtiz narra la experiencia perdida de su tío, en ese fondo oscuro de horror y olvido, iluminan la memoria de la vida de Pepe, que como tantos otros republicanos, murieron por sus ideales políticos, historias que nos conmueven y nos hacen conscientes de la inconmensurable barbarie nazi.

Es muy difícil de entender el mal que subyace en todo intento de opresión y subyugación del otro, de su diferencia y su alteridad. Resulta muy difícil entender el antisemitismo, el racismo y el sexismo que han sostenido los totalitarismos, quizás porque son irracionalmente oscuros y están cargados de un odio tan humano como inhumano. O quizás sea más sencillo y menos apasionado, y como piensa Hannah Arendt, la banalización del mal es consecuencia de la incapacidad de pensar desde otro punto de vista, de la incapacidad de tener en cuenta al otro y permanecer en un discurso único. El feminismo señala el patriarcado como origen del dominio del hombre blanco heterosexual sobre las mujeres y las personas de otras razas para mantener su superioridad, además de la dominación del pensamiento único, y relacionan el patriarcado con el racismo, el sexismo y el nazismo. Aún así, me parece que la noción del sistema de poder del patriarcado no acaba de explicar la cuestión del mal que asienta sus raíces en la violencia sexista y racista. En la actualidad vemos que las ansias de poder a costa de la vida humana no son fenómeno exclusivamente propio de los totalitarismos fascistas, recordemos la reciente masacre de Palestina por el Estado de Israel, o la guerra de Irak y tantas otras políticas económicas y sociales que comprenden violencias de baja intensidad y cuyo efecto opresor en nuestras vidas no sería identificable si no aprendemos a identificar los agentes de opresión y nuestros posibles mecanismos de acción y resistencia.


NOTAS Y REFERENCIAS:

- El término "patriarcado" puede consultarse en el diccionario ideológico feminista de Victoria Suau.
- La cuestión del mal puede relacionarse directamente con uno de los males más presentes en los medios y en la conciencia social actualmente: la violencia sexista. Sobre este tema me parece interesante el artículo "La violencia contra las mujeres como mal radical", de Gloria M. Comesaña Santalices (Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, 2006).

- Sobre las evoluciones de los diferentes feminismos y el valor del respeto por las diferencias ante el riesgo totalitario de la homogeneización en el discurso igualitario, me parece interesante la lectura del artículo "Alrededor de la identidad, las luchas políticas del presente", escrito por Mabel Bellucci y Flavio Rapisardi (Revista Nueva Sociedad, 1999).