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18 agosto 2010

El poder económico en España. Una, Grande y Libre de Carlos Giménez (Glénat, 2003)



A diferencia de otros álbumes que hablan sobre el franquismo, Carlos Giménez e Ivá identifican un nuevo agente opresor en España. Una Grande y libre: el capitalismo. Una nueva forma de poder dictatorial impune frente a la que el pueblo no parece tener forma de organización o resistencia. “Jet society” ofrece un retrato del multimillonario que disfruta del privilegios del paraíso fiscal de Suiza, una historieta con plena vigencia en la actualidad. La forma en que trata el funcionamiento de la bolsa al equipararla a estratagemas políticas de poderosos para boicotear la vida democrática de la ciudadanía en la historieta “Pim Pam Pum” se asemeja al sentir actual de la ciudadanía en tiempos de crisis económica. Las historietas “Morituri” y “Hermano, ¿me das 10 centavos?” retratan la corrupción política del prototípico político gordinflón adinerado igualándolo a un ladrón. 


Una de las historietas más interesantes de este álbum es “El Mercado”, basado en la parábola del depósito de agua de Edward Bellamy (1897) que explica el origen del capitalismo y su fin utópico por el empoderamiento de los trabajadores que tanto inspiró a otros escritores marxistas. Menos optimista es “Diccionario básico elemental”, donde los autores definen gráficamente varios conceptos clave de la realidad de finales de los setenta que sorprenden por su contemporaneidad:


Referencias:
Bellamy, E. 1897: Relato La parábola del depósito de agua. Desde la web Voz Obrera.

23 septiembre 2009

“Los paseos”



(Viñetas del libro 36-39 Malos Tiempos, con guión y dibujo de Carlos Giménez, Glénat, 2007, p 24)

Carlos Giménez tiene una habilidad poética admirable para situarnos en un contexto, presentarnos a unos personajes con los que en seguida nos identificamos y hacernos sentir lo que les ocurre. El primer libro de la serie 36-39 Malos Tiempos tiene como tema principal el de “los paseos” que acababan en fusilamientos. Carlos Giménez recoge los asesinatos que tanto los de un bando como los del otro cometían como práctica habitual: una vez localizado el enemigo, le sacaban de casa por la fuerza, le llevaban a las afueras del pueblo o la ciudad y le asesinaban a tiro limpio, sin más. Nadie estaba libre de esta muerte repentina e indigna, ni ricos ni pobres, ni militares ni clérigos, ni rojos ni azules, todos amenazados por todos, todos con miedo. A partir de las viñetas, imaginamos las mujeres, las hijas, los hermanos y hermanas de unos y otros, también con el miedo en los huesos, a la espera de la noticia de la desgracia. Carlos Giménez consigue transmitirnos la tensión de un tiempo donde la muerte amenazaba continuamente por llamar a la puerta y hacerse presente, en cualquier madrugada. La diferencia entre ambas matanzas por ambos bandos, dice el texto de la contraportada del libro 36-39 Malos Tiempos escrito por Max Aub, es que las barbaridades cometidas por el bando rojo (socialistas, anarquistas, republicanos) fueron reprobadas por los mismos milicianos y miembros de los partidos y en algunos casos, castigadas, y sin embargo, en el otro bando, no. Conscientes de la barbarie o no, España se vio inmersa en ríos de sangre de cuyo horror, creo, sólo pueden dar cuenta algunos fragmentos de poesía:



“¿Qué angustia, noche, en torno a mis orillas?
¿Dónde fue el alba que floreció en mis manos?
¿Es tierra o fuego lo que mis plantas tocan?

Ni mi niñez ha sido de este mundo,
ni en esta juventud me reconozco.
Me pesan siglos de abrasadas sangres,
de injustas vidas, de latidos huecos;
me pesan sombras, que no pueden irse,
voces me llaman de distintos cielos.”

“Honda pupila triste
va por la noche quieta
penetrando en sigilo
las horas y los hechos.
Y el corazón –que es niño
que teme cuanto toca-
de su cristal no quiere salir en esta noche…

Un aire que no es aire
mueve dudas y almas.
Se siente esta pregunta
de labios imprecisos:
¿A dónde va la angustia
que hoy invade la Tierra?”

“Se inquieta el corazón -no tiene alas-
ni el dolor tiene espejos; solamente
un pedestal que quiere sostenerle,
con los ojos vendados como el niño
de ese volar sin rumbo.”

“Salgo a la calle y voy en ascua viva,
o voy temblando porque el mundo es triste.
Y vuelvo de la calle y entro en casa
y el mundo sigue sin remedio.
Y no es que falte un ángel en la estancia
que nos sonría, que nos hable al menos.
Y no es que falte un dios para las cosas,
ni ese deseo de pasar soñando
sin escuchar las quejas que en el aire
vagan por encontrar por fin el eco.”

Concha Méndez, Niño y sombras, 1936 (1)




REFERENCIAS:

(1) Concha Méndez (Madrid, 1898), poetisa española de la generación del 27, cuya obra aparece recogida en la Antología de poetisas del 27 de Emilio Miró, 2006, Editorial Renacimiento.

¡Sangre por sangre! ¡La locura de la guerra!



(Viñetas del libro 36-39 Malos Tiempos, con guión y dibujo de Carlos Giménez, Glénat, 2007, p 51)



 
(Viñetas del libro 36-39 Malos Tiempos, con guión y dibujo de Carlos Giménez, Glénat, 2007, p 52)


En cuanto al lenguaje del cómic, una de sus características es el uso de un gestuario explícito y estereotipado con el fin de expresar estados de ánimo, características psicológicas o intelectuales de los sujetos que puedan ser entendidos de forma universal (1). Nos llama la atención las diferencias en el “gestuario” o repertorio de gestos emocionales de Lucía y Marcelino. A lo largo de esta breve conversación, es posible identificar atributos psicológicos de cada personaje en relación a su sexo atendiendo al modo en que expresan sus sentimientos. Lucía permanece con las cejas arqueadas y las manos entrecruzadas, sus gestos corporales muestran pesadumbre, una preocupación en actitud de plegaria o rezo y a veces de sorpresa, ingenuidad. La emoción de Marcelino sufre una gradación desde la pesadumbre, firmeza, hasta el enfado, la frustración y la cólera.


En las primeras viñetas, Lucía parece no entender la diferencia entre las muertes de unos y otros y siente el dolor ante el horror de la sangre por encima de las motivaciones de los bandos. Lucía puede parecer ingenua y esta ingenuidad resulta de una rica ambigüedad que puede llevarnos a diferentes asociaciones gestuales y emocionales en relación a la ficción cultural de la feminidad (entendiendo como feminidad las características que se han atribuido y se atribuyen a las mujeres). Por un lado, puede identificarse la ingenuidad de Lucía con una subjetividad situada por afuera de “lo político”. Sin embargo, como hemos mencionado antes, la participación de las mujeres en la guerra civil fue un fenómeno generalizado que les hizo ganar protagonismo en nuevos espacios sociales de los que venían siendo relegadas (2). Aún así, Carlos Giménez nos presenta, a una mujer ingenua, cuya incapacidad para comprender los horrores de la guerra oscilan ambiguamente entre la generosa compasión ante el dolor humano y una falta de conciencia política sobre la realidad que le resta valor a la primera, y que necesita de los razonamientos masculinos para “saber y comprender”. Entonces, la figura masculina de Marcelino nos hace identificar el compromiso político como algo propio de los hombres. Él le hace saber a Lucía las causas del horror de la guerra, señalando incluso quiénes son los responsables. La emoción iracunda de Marcelino puede interpretarse como una tentativa autoritaria masculina que pretende anteponer el argumento racional ante lo irracional. Paradójicamente, la excesiva pasión con la que defiende sus argumentos desvanece tal racionalidad, lo que nos hace volver a mirar a Lucía y a sus emociones de miedo, piedad y compasión ante la guerra como reacciones lúcidas, no tan ingenuas, pero teatralizadas. En la última viñeta Lucía se tapa la boca en un gesto dramático de asombro y preocupación ante la afirmación de Marcelino sobre la responsabilidad ante las muertes de la guerra. Como vemos, el cómic de Giménez utiliza la expresividad al borde de la exageración, lo que nos sumerge en su propia ficción teatral de máscaras o mascaradas. Más allá de las posibles identificaciones de lo femenino con lo despolitizado, la compasión y la preocupación, y de lo masculino con la autoridad de la razón, entre ambos hay una tensión que me parece muy valiosa para pensar, sentir y reflexionar entre diferentes estados emocionales ante la locura de la guerra.


Como provocación y conversación didáctica sobre las motivaciones y sentimientos que hicieron combatir a muchos hombres y mujeres, me parece un diálogo claro, directo, y de gran intensidad emocional. Carlos Giménez hace recaer la responsabilidad de todos los muertos en la guerra y después de la guerra sobre los fascistas ¿Estas de acuerdo? ¿Crees que es importante señalar los responsables de la guerra o esto nos lleva a alimentar viejos rencores? Por otro lado, ¿no es el reconocimiento del rencor necesario para poder reflexionar sobre la violencia en la historia?


REFERENCIAS:

(1) Gasca, Luis; Gubern, Román (1994): El lenguaje del cómic, ediciones cátedra, Madrid, p 98.
(2) Véase la entrada "Participación de mujeres y hombres en la guerra civil española".

Una sociedad de clases ¿y de ‘razas’?


(Viñeta del libro 36-39 Malos Tiempos, con guión y dibujo de Carlos Giménez, Glénat, 2007, p 7)

“… Todos guapísimos, todos altos, sanos, buen tipo… Bien comidos, bien cuidados, bien vestidos… Comparados con los obreros y obreras de su fábrica, parecían de otra raza. De una raza extraña y privilegiada.”

En el episodio Guapos y Feos, en el primer libro de la serie 36-39 Malos Tiempos, Carlos Giménez presenta los protagonistas de las historietas divididos en dos grupos sociales: guapos y feos, que suponemos, quiere decir, ricos y pobres. Llama la atención cómo el autor habla de razas en lugar de clases, como si la determinación biológica que caracteriza el término raza fuese extensible al de clase económica en este tiempo en España. Esto viene a decir que en los años 30 en España uno nacía rico o nacía pobre, y así se quedaría toda la vida.


¿Qué quiere decir “raza” y cual es su relación con el concepto “clase”?

Desde una perspectiva de género se ha criticado la perspectiva histórica predominante desde el siglo XVII en Europa desde la que se comprendían el sexo y la raza como conceptos que hundían sus raíces en la biología, y por tanto las diferencias sociales que de ellos se derivaban resultaban inmutables, imposibles de cambiar por razones “naturales”. A partir de los años 90 la antropología de género (1) analiza las relaciones entre género, clase y etnicidad como elementos constitutivos de la desigualdad social, revelando que la naturalización de las desigualdades sociales se revelaba necesaria para mantener el orden social imperante. Según la antropóloga Aurelia Martín Casares, “en la actualidad, la mayor parte de las investigaciones coinciden en afirmar que no existen ‘razas’ en términos exclusivamente biológicos y que, por tanto, la desigualdad y la excusión social atribuidas a diferencias raciales son construcciones culturales” (2).

¿Cómo era la sociedad española al estallar la guerra civil?

Una vez que hemos abordado los usos de “raza”, “sexo” y “clase” como conceptos de diferenciación construidos culturalmente, me parece de interés dirigirnos a un texto histórico para comprender la realidad de la sociedad de clases de los años 30 en España, y su relación con las causas sociales de la guerra civil. Según el historiador Paul Preston, la guerra civil representó la última expresión de los intentos de los elementos reaccionarios (conservadores, nacionalistas de derecha) en la política española de aplastar (mediante un golpe de fuerza militar) cualquier reforma que pudiera amenazar su privilegiada posición (3). Remontándose al siglo XIX, Paul Preston da una serie de claves sobre la sociedad española que la hicieron desembocar en la guerra: habla del desfase entre la realidad social y la estructura de poder político, de cómo los períodos en los que ha procurado un progreso social y se han insertado leyes o medidas que favorecían al pueblo, han venido seguidos de períodos reaccionarios de rechazo a las reformas por parte de las clases privilegiadas. Por ejemplo, la Segunda República, donde se introdujeron reformas agrarias fundamentales que suponían una redistribución de la riqueza -menos injusta-, ocasionó movimientos de fuerza por reimponer la tradicional desigualdad en la posesión del poder económico y social, ocasionando la guerra.

En España predominaba el poder político de las antiguas oligarquías terratenientes (aristocracia y clero) ya que la economía española se basaba principalmente en la agricultura
. Paul Preston habla de “monopolio” del poder político de la oligarquía terrateniente frente a la minoritaria clase burguesa de industriales y comerciantes: “España no experimentó una clásica revolución burguesa en la que se rompieran las estructuras del Antiguo Régimen. El poder de la monarquía, de la nobleza terrateniente y de la Iglesia seguían más o menos intactos bien entrado el siglo XX”. En España había un desfase entre el lento y escaso proceso de industrialización que sí se estaba produciendo en otros lugares de Europa -como Francia y Gran Bretaña-, y la necesidad de modernización política -que en otros lugares fue posible dada la importancia de la clase burguesa propietaria de fábricas y comercios-. Pero en España la burguesía era escasa y tenía un débil protagonismo político. Los campesinos, braceros y jornaleros formaban el grueso de la clase trabajadora que labraba la tierra de los terratenientes, ante cuyos abusos de poder se levantaban los trabajadores dadas las malas condiciones de trabajo y el hambre que sufrían las familias, pero sus movimientos revolucionarios eran fuertemente reprimidos por la Guardia Civil que preservaba los intereses de los latifundistas (propietarios de tierras). A finales del siglo XIX esto junto con el paro y la pobreza en los campos, provocó el éxodo masivo de campesinos a las ciudades, donde muchos trabajadores eran explotados en condiciones infrahumanas por el naciente capitalismo de las fábricas: jornadas interminables, trabajo infantil, hacinamiento y bajos salarios. En cuanto al sistema político, tras la Restauración monárquica de Alfonso XII, éste quedó reducido a dos partidos principales: el Conservador y el Liberal, que representaban los intereses de diferentes sectores de la oligarquía terrateniente (los productores de vino y aceitunas del sur en el Conservador, y los productores de trigo de la Meseta en el Liberal). La diferencia entre ambos se basaba en una cuestión económica: el partido Conservador defendía el libre mercado y el Liberal apoyaba medidas proteccionistas. Ambos gobiernos se sucedían con regularidad debido a la manipulación electoral de los jefes locales o caciques, y esta exclusión de las clases trabajadoras del poder político manipulado, llevaba a las masas hambrientas a situarse ante dos opciones: la apatía o la violencia. A grandes rasgos, esta situación hizo que la sociedad se dividiese en dos grupos con intereses sociales y económicos enfrentados: los terratenientes y los industriales por un lado pertenecientes a partidos de la derecha reaccionaria que ya identificamos anteriormente con el color azul de los nacionalcatolicistas, y los obreros y los campesinos de la tierra por otro, mayoritariamente pertenecientes a sindicatos y partidos de la izquierda roja republicana, socialista y anarquista. Ambos grupos, en ocasiones violentamente enfrentados, protagonizaron la alternancia en el poder hasta que la derecha decidió irrumpir por la fuerza mediante el golpe de Estado del General Franco en 1936, y después de la sangrienta resistencia de la guerra civil, se hizo con la hegemonía en España, rompiendo bruscamente el fugaz e incipiente proyecto democrático de la Segunda República.

En cuanto a la representación gráfica de Carlos Giménez, nos llama la atención la composición piramidal que pudiera corresponderse a una representación visual del estatus de poder de los diferentes grupos sociales: en el vértice superior de la pirámide o grupo superior encontramos los dos varones, por debajo, a misma altura, comparten una posición subordinada obreros y mujeres, independientemente de que éstas sean de familia adinerada.

REFERENCIAS:
(1) Aurelia Martín Casares cita el célebre artículo de Verena Stolcke de 1999 ¿Es el sexo para el género como la raza para la etnicidad?, como referencia principal de la antropología de género. En este artículo Stolcke analiza “cómo en la sociedad de clases tienden a legitimarse y a consolidarse las desigualdades sociales conceptualizándolas como si estuvieran basadas en diferencias naturales inmutables.” (Puedes leerlo aquí)

(3) Preston, Paul (2009): La guerra civil española. Una historia concisa, Random House Mondadori, Barcelona, p 20.

22 septiembre 2009

Poéticas del dolor de la guerra




“Carlos Giménez deja de lado a los héroes y a los generales, las batallas perdidas y ganadas, a los caudillos y a los políticos, para centrarse en la vida cotidiana de las gentes, pobres gentes, que en las ciudades y en los campos de toda España sufrían el miedo a la muerte al amanecer… 36-39 Malos Tiempos es una obra definitiva en la carrera profesional de Carlos Giménez, como dibujante y como narrador, que aquí nos ofrece la síntesis de lo mejor de sus muchos años de trabajo como autor de historietas”. Antonio Martín, 2007

Como ya he dicho, el dibujo de Carlos Giménez me parece poesía por su capacidad para expresar el dolor del alma humana, así que dejemos que el dibujo de Carlos Giménez y la palabra de Ángela Figuera Aymerich se relacionen y surja aquí un pequeño lugar de reencuentro ante el dolor de la guerra desde la metáfora de la maternidad:

 




(Dibujo de Carlos Giménez en el libro 36-39 Malos Tiempos, con guión y dibujo de Carlos Giménez, Glénat, 2007, p 5)



ÉXODO
Una mujer corría.
Jadeaba y corría.
Tropezaba y corría.
Con un miedo macizo debajo de las cejas
y un niño entre los brazos.


Corría por la tierra que olía a recién muerto.
Corría por el aire con sabor a trilita.
Corría por los hombres erizados de encono.


Miraba a todos lados.
Quería detenerse.
Sentarse en un ribazo y con su hijo menudo.
Sentarse en un ribazo y amamantar en paz.


Pero no hallaba sitio.
No encontraba reposo.
No lograba la pausa sosegada y segura
que las madres precisan.
Ese viento apacible que jamás se interpone
entre el pecho y el labio.


Buscaba cerca y lejos.
Buscaba por las calles,
por los jardines y bajo los tejados,
en los atrios de las iglesias,
por los caminos desnudos y carreteras arboladas.
Buscaba un rincón sin espantos,
un lugar aseado para colocar una cuna.


Y corría y corría.
Dio la vuelta a la tierra.
Buscando.
Huyendo.
Y no encontraba sitio.
Y seguía corriendo.


Y el niño sollozaba débilmente.
Crecía débilmente
colgado de su carne fatigada.


Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902)


REFERENCIAS:
Ángela Figuera Aymerich desde la página de poesía a media voz.
Carlos Giménez
, página oficial del autor

14 septiembre 2009

Del Capitán Trueno a Tormenta sobre España; de la mística de la masculinidad al dramatismo testimonial.





(Viñeta de la historieta El cordel de los tebeos, con guión de Victor Mora y dibujo de Annie Goetzinger, en el libro Tormenta sobre España 1936-1939, Glénat, 2008, p. 14)


La primera impresión al leer el libro Tormenta sobre España es de sorpresa por la intensidad emocional desde la que se narran las historietas y la calidad de los dibujantes. Sorpresa también, porque Víctor Mora (Barcelona, 1941), el guionista de todas las historietas del libro, se posiciona desde la experiencia de lo cotidiano sin recurrir al heroísmo ni la exaltación de la fuerza y la acción que caracterizan otras de sus obras de aventuras que realizó durante el franquismo. Sorprendente capacidad de un autor para metamorfosear su obra según los tiempos, las tendencias y los valores imperantes de cada época, y es que en el caso de Víctor Mora, vemos cómo las publicaciones por las que se ha hecho tan conocido y reconocido (El Capitán Trueno, Jabato) sostienen la mística de la masculinidad (1) que comparten tantos héroes y villanos de los cómics, con la añadida misión española heredada del medievo de la preservación de la unidad del Imperio Español. Como los valores sociales de cada tiempo, la obra de Mora cambia y se ajusta a las demandas del mercado y las editoriales del cómic, de manera que hoy podemos contar con el conjunto de testimonios dramáticos de Tormenta Sobre España, escrito en 1986 con motivo del cincuenta aniversario de la guerra civil, pero que no han sido publicadas hasta que diferentes aniversarios han revalorizado el interés por las revisiones de este período.
 

(Viñeta de la historieta El cordel de los tebeos, con guión de VIctor Mora y dibujo de Annie Goetzinger, en el libro Tormenta sobre España 1936-1939, Glénat, 2008, p. 12)

  
Por ejemplo, El cordel de los tebeos, dibujado por Annie Goetzinger, nos adentra en el hogar de una familia de Barcelona al estallar la guerra civil. El ingrediente original de la historieta es que está narrada desde la sensibilidad de un niño que vive dentro de los elementos políticos del momento, presentes en sus juegos y en sus actividades de ocio. Víctor Mora nos recuerda cómo el NO-DO, Noticiario y Documentales (2), aparecía antes de la película que se proyectaba en el cine, con un fin propagandístico y doctrinario, y cómo en los juegos de los niños y en sus relaciones de amistad estaría presente la guerra de forma desgarradora.

REFERENCIAS:
(1) Moix, Terenci (2000): “La mística de la masculinidad”, en: Historia social del cómic, Bruguera, Barcelona, pp 171-182.
(2) Desde la
Filmoteca Española sobre el NO-DO
Página con referencia a la dibujante Annie Goetzinger (en inglés)

12 septiembre 2009

Azul y rojo: dos colores simbólicos, dos ideas de España



(Viñeta de la historieta Entre líneas, realizada por Jorge García y Ángel de la Calle, en el libro Nuestra Guerra Civil, Ariadna Editorial, 2006, p41)

La historieta Entre líneas, de Jorge García y Ángel de la Calle, nos hace cuestionarnos la legitimidad de la pertenencia de documentos personales escritos durante la guerra civil española a los organismos oficiales o Archivos Documentales, en especial, las cartas escritas por los opositores al régimen franquista que intentaban comunicarse con sus seres queridos desde el frente o el exilio. La narración comienza con la búsqueda de documentación sobre Sergio López -un personaje ficticio que surge de la mezcla de la vida de un familiar de Ángel de la Calle y Avelino González Mallada, uno de los líderes del anarquismo asturiano y dirigente de la revolución asturiana de 1934- en el Archivo Histórico Nacional de Salamanca. La historieta nos presenta la vida de un combatiente por la revolución asturiana, que se une a los grupos guerrilleros (los maquis) que lucharon contra los legionarios y las tropas norteafricanas, cuya derrota le obliga a exiliarse a Bélgica. En la historieta, las cartas de Sergio López dirigidas a su familia se conservan en el Archivo Histórico Nacional de Salamanca o Centro Documental de la Memoria Histórica, cuya función actual de preservación de documentos dista mucho de la que tenía en su origen el edificio, Cuartel General de Franco desde donde se encontraba la Oficina de Investigación y Propaganda Anticomunista (OIPA), que junto con el Tribunal Especial para la represión de la masonería y del comunismo, tenían la misión principal de crear un archivo documental para conocer, desenmascarar y sancionar a los enemigos de la patria. Hoy en día el Centro Documental de la Memoria Histórica ofrece un rico archivo de documentos del período de guerra y Franquismo, así como diversas actividades culturales acerca de este período en España.



(Viñeta de la historieta Entre líneas, realizada por Jorge García y Ángel de la Calle, en el libro Nuestra Guerra Civil, Ariadna Editorial, 2006, p 43)

En el lenguaje visual que emplea Ángel de la Calle en Entre Líneas predomina el dibujo en un fondo grisáceo de textura granulada, donde prefiere utilizar sólo dos colores: el rojo y el azul; colores que simbolizan las dos ideologías políticas confrontadas que protagonizaron los enfrentamientos que dieron lugar a la guerra civil española. Como muestran las viñetas, España cambiaba de color en 1931 cuando el voto de los españoles –las españolas no podrían votar aún- otorgó el poder a la ideología roja de la II República, cuyo proyecto fue interrumpido por el azul triunfador en las elecciones de 1933, cuando la CEDA (Confederación de Derechas Autónomas) ganó poder y los rojos protagonizaron un movimiento huelguístico y revolucionario en Cataluña y Asturias (Revolución Asturiana que tuvo lugar del 5 al 9 de Octubre de 1934).Con la intención de comprender mejor el panorama dividido de España, me parece necesario intentar sintetizar las características de las diferentes ideologías políticas representadas por el color azul y rojo, sabiendo que las siguientes referencias puedan resultar simples y parciales:

ROJO: Color simbólico de la ideología socialista, anarquista, comunista y republicana. Sin entrar en las diferencias políticas entre estos grupos, encontramos el marxismo como ideología precursora del socialismo y del comunismo. La tesis principal de Marx es que “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases” (1); por lo tanto, los conflictos y hechos políticos pueden verse como fenómenos de dominación de un grupo social privilegiado sobre otro. Con muchas diferencias y desencuentros, esta perspectiva ha iluminado las teorías feministas que han visto en las mujeres un grupo oprimido por la supremacía masculina cuya conciencia de clase es necesaria para su auto-empoderamiento y toma de libertades (2). Marx defendía el laicismo del Estado y la libertad religiosa de los ciudadanos, y señalaba el capitalismo como sistema explotador del proletariado cuyo sistema se basaba en la propiedad privada que corrompía la organización social, ante lo cual defendía convertir las fuerzas productivas en propiedad del Estado. El método marxista rechazaba cualquier absolutización, bien de verdades eternas, bien de un objeto que existiera fuera del sujeto; así que el conocimiento no puede existir independientemente de los sujetos que lo formulan, sino partiendo de su experiencia. De este modo todo conocimiento es cuestionable, ya que su contenido no es absoluto ni inmóvil, sino que está en continua transformación en función de los intereses humanos. La España roja era la España que defendía los derechos de los trabajadores y de las clases sociales más humildes frente a los terratenientes y caciques (poseedores de las tierras que trabajaban los jornaleros por salarios ínfimos), era la España que defendía la democracia, la igualdad de hombres y mujeres, el laicismo y esas otras libertades que ya mencioné al hablar del proyecto republicano.

AZUL: color simbólico de la derecha reaccionaria y católica, color del nacionalcatolicismo franquista, de ideología similar a la de otros regímenes dictatoriales como el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán.El régimen franquista se apoyaba en la Iglesia Católica, defendiendo la supremacía de lo espiritual, de los valores cristianos y la misión evangelizadora de Occidente. Otro pilar básico para la dictadura era el Ejército; la doctrina franquista es jerárquica y autoritaria. En España, un foso profundo separaba la oligarquía (minoría poderosa con propiedades) del proletariado (clases populares trabajadoras asalariadas), cuya desigualdad material causó, en gran parte, el estallido de la guerra civil (4). La España azul era la de terratenientes y jefes de la iglesia y del ejército que querían mantener sus privilegios y su poder sobre las clases sociales humildes, aferrándose a ideas conservadoras que relegaban a las mujeres al plano doméstico de procreadoras y cuidadoras, sin responsabilidades ni voz política.
Sin entrar en las importantes diferencias que señalan los especialistas entre los términos fascismo, totalitarismo y nacionalsocialismo, nos interesa los aspectos comunes de estas tres ideologías o sistemas de organización política. El sistema totalitario se caracteriza por una única ideología oficial o doctrina que cubre todos los aspectos de la vida humana, un sistema de partido único dirigido por un dictador, un sistema de control policiaco, la concentración de todos los medios de propaganda, la concentración de todos los medios militares y el control central y dirección de toda la economía (2). Más que ideología, en el fascismo prima la acción sobre la palabra, basado en la disciplina. Según el nacionalsocialismo, la misión de Alemania debía ser defender las fronteras de la civilización europea contra Asia y las razas de color con disciplina y autoridad. Se propone la unión nacional frente la lucha de clases de Marx, la unión como defensa al caos universal. Mussolini (lider del fascismo italiano) defendía la unidad del Estado en el que se funden las clases sociales en una sola realidad económica y social, pero más que una política, la práctica de Mussolini creó una mitología de símbolos, decoración y escenificaciones multitudinarias inspiradas por el antiguo Imperio Romano. Se trata de regímenes basados en la creencia, obediencia y el combate. El fascismo conduce a la exaltación del Estado como un todo, un bloque omnipotente sin oposición ni cuestionamiento posible. Según Hitler (líder del nazismo alemán), el Estado era un organismo racial y no una organización económica. Los principios básicos de la política nacionalsocialista es la lucha del mas fuerte sobre el débil, la superioridad de la raza y la desigualdad frente la lucha proletaria del socialismo y la igualdad que defiende la democracia. A diferencia de otras dictaduras europeas, el franquismo fue producto de un golpe de Estado, seguido de la guerra civil.




(Viñeta de la historieta Entre líneas, realizada por Jorge García y Ángel de la Calle, en el libro Nuestra Guerra Civil, Ariadna Editorial, 2006, p 44)

En la siguiente viñeta vemos cómo el protagonista de la historieta se marcha a Bélgica tras el fracaso de la Revolución de Asturias en 1934, y puede volver en 1936 cuando se decreta la amnistía por el Frente Popular -coalición de partidos de centro e izquierda que había ganado las elecciones en Febrero de 1936- cuya victoria fue boicoteada por el Golpe de Estado del General Francisco Franco. En la viñeta de Ángel de la Calle me parece de gran belleza el simbolismo del coche que ha de huir en una noche oscura de cielo azul, y el coche que regresa al amanecer, con un gran sol rojo de esperanza en una España luminosa. Sin embargo, el golpe de Estado de Franco sumiría el país en una larga noche azul oscuro que traería la muerte o el exilio forzado a muchos intelectuales españoles.


REFERENCIAS:
(1) Marx, Kart Heinrich; Engels (1845):
Manifiesto comunista
(2) Veáse el artículo “
Feminismo y Marxismo, más de 30 años de controversias”, de Andrea D’Atri (Rebelión, 2004).
(3) Touchard, Jean (2000): Historia de las ideas políticas, Editorial Tecnos, Madrid.

(4) Preston, Paul (2000): La guerra civil española. Una historia concisa, Random House Mondadori, Barcelona.

31 agosto 2009

Participación de mujeres y hombres en la Guerra Civil española




(Viñeta de la historieta Días de Rejones, con guión de Felipe Hernández Cava y dibujo de Laura, en el libro Nuestra Guerra Civil, Editorial Ariadna, 2006, p 7.)

Desde el feminismo social se comprende que la experiencia (sexuada) no se puede entender fuera de su contexto histórico, lo cual incluye acontecimientos específicos de la historia social y política nacional. Sin embargo, cuando nos valemos de la literatura histórica oficial encontramos muy pocas referencias a la vida de las mujeres, y entonces nos preguntamos ¿ellas no han realizado tantas acciones dignas de ser registradas en los manuales de “conocimiento histórico” como los hombres? También nos preguntamos ¿qué roles o funciones sociales ha juzgado la historiografía oficial dignos de ser contados, memorizados y valorados? Podemos pensar que si ellas no aparecen en los libros de igual forma que los hombres se debe a que no han desempeñado cargos de la misma “relevancia” o “responsabilidad”. En ese caso, cabe preguntarse ¿en qué condiciones vivían las mujeres que les impedían convertirse en personas de impacto social? Por otro lado, cabe cuestionarse la relevancia de las diferentes tareas desde una perspectiva social: ¿por qué ha de ser considerada más “importante” la tarea de un alto político que la de una madre que cuida de sus hijos y se responsabiliza del cuidado del hogar? Y qué ocurre con las mujeres de talento artístico a lo largo de la historia ¿eran menos capaces o se despreció su talento por el hecho de ser mujeres?


La historiografía feminista se ha ocupado de señalar que la historiografía oficial no ha tenido en cuenta a las mujeres en la redacción de su disciplina presuntamente objetiva, lo cual denota valores que desvelan su menosprecio hacia las contribuciones de las mujeres en las civilizaciones de todas las épocas. Así, en las últimas décadas, muchas historiadoras feministas se han ocupado de aportar, además de testimonios de mujeres, una lectura de los mismos que nos revele otras dimensiones de la experiencia histórica, individual y colectiva, relacionadas con la esfera de la subjetividad, la identidad histórica de género y la autopercepción. Esta falta de referentes femeninos se acentúa si hablamos de la guerra civil española. Como señala Mary Nash, la guerra ha sido motivo de preocupación y posicionamiento colectivo e individual para las mujeres de todas las épocas históricas, y a pesar de que sus voces de protesta y o beligerancia fueron reconocidas en los ámbitos y las decisiones políticas, la historia no ha prestado atención a los diversos roles asumidos por las mujeres en momentos de conflicto armado (1). Igualmente, Inmaculada Blasco y Regine Illion, reconocen que las funciones que han desempeñado las mujeres durante la guerra no han sido valoradas en su justa medida, debido a la propia definición existente sobre la guerra, y a cómo se ha reconstruido la experiencia bélica, otorgando importancia a lo sucedido en el frente, al enfrentamiento armado, o a las relaciones establecidas en el nivel de la alta política. Sin embargo, la guerra civil fue un fenómeno que afectó a toda la población civil, hecho ampliamente reconocido pero del cual no siempre se extraen las conclusiones historiográficas pertinentes. En cuanto a la experiencia de las mujeres, la guerra desencadenó su implicación en nuevas tareas, produjo rupturas en su actividad cotidiana y en los papeles que estaban acostumbradas a desempeñar, y una gran movilidad geográfica que sus ritmos de vida desconocían hasta entonces; sin embargo, la implicación femenina se desarrolló acorde al a división de trabajo según los sexos, muy condicionada por la percepción –y autopercepción- de género existente, que a su vez fue empleada en ocasiones como estrategia de actuación política (2).


(Viñeta de la historieta Días de Rejones, con guión de Felipe Hernández Cava y dibujo de Laura, en el libro Nuestra Guerra Civil, Editorial Ariadna, 2006, p 8.)

En la primera viñeta que presento, vemos a una mujer formando parte de un grupo de resistencia armado, y en la segunda, un grupo de mujeres espera en una cola de racionamiento. Las historietas, al ser contadas desde lo próximo a la experiencia personal y querer dar cuenta de las emociones que envuelven cada situación histórica desde una perspectiva social, se pueden acercar más al planteamiento de la historiografía feminista, en tanto que valoran las experiencias personales como relatos condicionados por un marco histórico y político. Así, Felipe Hernández Cava presta especial atención a diferentes mujeres para hablarnos del dibujante José Robledano Torres. Me parece importante señalar la forma en que rodea al artista de mujeres importantes que dibujan el contexto histórico del tiempo al que quiere acercarnos. Sin embargo, la imagen es poco. Necesitamos tirar de la literatura histórica para entender y situar estas viñetas, representaciones de la participación de las mujeres en la guerra civil.

Ya sabemos que durante la guerra civil las mujeres tomaron parte activa de los acontecimientos sociales, colaborando en distintas actividades (enfermeras, costureras, cocineras), incluso en los frentes. Pilar Domínguez Prats nos hace saber que la guerra incrementó el trabajo doméstico y extradoméstico, introduciendo importantes modificaciones en la vida cotidiana de las mujeres. Los racionamientos y las situaciones económicas precarias por la ausencia del cabeza de familia, hicieron que muchas mujeres accedieran a trabajos y espacios de dominio masculino, dada la cantidad de hombres que marchaban al frente: “hombres al frente, mujeres a la retaguardia” (3). El frente dejó de ser cosa exclusivamente masculina, si bien, la violencia ha sido atributo de la identidad masculina. Según José Luis Ledesma, dentro del complejo universo de la violencia política desencadenada durante la guerra civil, pocas conclusiones pueden resultar tan indiscutibles como la que apunta al carácter básicamente masculino de la represión física vivida a ambos lados de las líneas del frente. “De hecho, la negación de la violencia física por parte de las mujeres es característica del proceso de construcción de identidad de género, y por tanto ese monopolio masculino, así como el supuesto y secular binomio mujer pacífica/hombre violento, serían la mejor muestra, la más palpable consecuencia de ese reparto de funciones y espacios, y con él la dominación social y política del hombre (4).”

Teniendo en cuenta que muchas mujeres lucharon al lado de los hombres, como Aurora Arnaiz, miembro del ejecutivo de las Juventudes Socialistas Unificadas, que organizó una ofensiva contra el ejército del general Mola, ese binomio del que habla Ledesma se rompe, aunque es cierto que la mayoría de las mujeres trabajaron principalmente en las industrias clave para el desarrollo bélico: la confección de prendas para el frente y las fábricas de armamento. Estas tareas se llevaban a cabo en los talleres credos por las organizaciones de Mujeres Antifascistas y Mujeres Libres, principalmente. Sin valorar a las mujeres que se alistaron en las milicias por encima de las que se mantuvieron en actividades tradicionalmente asociadas a su sexo, cabe destacar otro tipo de trabajo voluntario de gran carácter humanitario que realizaron las mujeres: el cuidado de los niños en las guarderías –donde permanecían los niños mientras sus madres trabajaban-, los comedores colectivos, los hogares para refugiados, etc. Además de estas tareas de cuidado y preservación de la vida, muchas militantes de los partidos de izquierda se convirtieron en activas propagandistas de la causa republicana saliendo a la esfera pública: daban mítines, escribían en prensa, participaban en Milicias de la Cultura, realizaban trabajos administrativos en los ministerios, en el ejército, en los partidos y en los sindicatos. Las Mujeres Antifascistas formaron parte de la Comisión de Auxilio Femenino, presidido por Pasionaria, que repartió los envíos extranjeros de ropa, material sanitario y alimentos entre la población necesitada, hasta enero de 1939.


REFERENCIAS:

(1) Nash, Mary; Talavera, Susana (eds.).(2003), Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerras de la Edad Antigua a la contemporánea, Icaria Editorial. (p 9)
(2) Blasco, Inmaculada; Regine, Illion (2003): "Republicanas aragonesas en la lucha antifascista", en Nash, Mary; Talavera, Susana (eds.), Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerras de la Edad Antigua a la contemporánea, Icaria Editorial, p 373.
(3) Domínguez Prats, Pilar (1988): "La Segunda República", en: Anderson, Bonnie S.; Zinnser, Judith P., Historia de las Mujeres. Una historia propia, Crítica, Barcelona, pg 1184
(4) Ledesma, Jose Luis (2000): 'Las mujeres en la represión republicana: apuntes sobre un “ángulo muerto” de la guerra civil española', en Nash, Mary; Talavera, Susana (eds.), Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerras de la Edad Antigua a la contemporánea, Icaria Editorial, p 444.