23 septiembre 2009

Una sociedad de clases ¿y de ‘razas’?


(Viñeta del libro 36-39 Malos Tiempos, con guión y dibujo de Carlos Giménez, Glénat, 2007, p 7)

“… Todos guapísimos, todos altos, sanos, buen tipo… Bien comidos, bien cuidados, bien vestidos… Comparados con los obreros y obreras de su fábrica, parecían de otra raza. De una raza extraña y privilegiada.”

En el episodio Guapos y Feos, en el primer libro de la serie 36-39 Malos Tiempos, Carlos Giménez presenta los protagonistas de las historietas divididos en dos grupos sociales: guapos y feos, que suponemos, quiere decir, ricos y pobres. Llama la atención cómo el autor habla de razas en lugar de clases, como si la determinación biológica que caracteriza el término raza fuese extensible al de clase económica en este tiempo en España. Esto viene a decir que en los años 30 en España uno nacía rico o nacía pobre, y así se quedaría toda la vida.


¿Qué quiere decir “raza” y cual es su relación con el concepto “clase”?

Desde una perspectiva de género se ha criticado la perspectiva histórica predominante desde el siglo XVII en Europa desde la que se comprendían el sexo y la raza como conceptos que hundían sus raíces en la biología, y por tanto las diferencias sociales que de ellos se derivaban resultaban inmutables, imposibles de cambiar por razones “naturales”. A partir de los años 90 la antropología de género (1) analiza las relaciones entre género, clase y etnicidad como elementos constitutivos de la desigualdad social, revelando que la naturalización de las desigualdades sociales se revelaba necesaria para mantener el orden social imperante. Según la antropóloga Aurelia Martín Casares, “en la actualidad, la mayor parte de las investigaciones coinciden en afirmar que no existen ‘razas’ en términos exclusivamente biológicos y que, por tanto, la desigualdad y la excusión social atribuidas a diferencias raciales son construcciones culturales” (2).

¿Cómo era la sociedad española al estallar la guerra civil?

Una vez que hemos abordado los usos de “raza”, “sexo” y “clase” como conceptos de diferenciación construidos culturalmente, me parece de interés dirigirnos a un texto histórico para comprender la realidad de la sociedad de clases de los años 30 en España, y su relación con las causas sociales de la guerra civil. Según el historiador Paul Preston, la guerra civil representó la última expresión de los intentos de los elementos reaccionarios (conservadores, nacionalistas de derecha) en la política española de aplastar (mediante un golpe de fuerza militar) cualquier reforma que pudiera amenazar su privilegiada posición (3). Remontándose al siglo XIX, Paul Preston da una serie de claves sobre la sociedad española que la hicieron desembocar en la guerra: habla del desfase entre la realidad social y la estructura de poder político, de cómo los períodos en los que ha procurado un progreso social y se han insertado leyes o medidas que favorecían al pueblo, han venido seguidos de períodos reaccionarios de rechazo a las reformas por parte de las clases privilegiadas. Por ejemplo, la Segunda República, donde se introdujeron reformas agrarias fundamentales que suponían una redistribución de la riqueza -menos injusta-, ocasionó movimientos de fuerza por reimponer la tradicional desigualdad en la posesión del poder económico y social, ocasionando la guerra.

En España predominaba el poder político de las antiguas oligarquías terratenientes (aristocracia y clero) ya que la economía española se basaba principalmente en la agricultura
. Paul Preston habla de “monopolio” del poder político de la oligarquía terrateniente frente a la minoritaria clase burguesa de industriales y comerciantes: “España no experimentó una clásica revolución burguesa en la que se rompieran las estructuras del Antiguo Régimen. El poder de la monarquía, de la nobleza terrateniente y de la Iglesia seguían más o menos intactos bien entrado el siglo XX”. En España había un desfase entre el lento y escaso proceso de industrialización que sí se estaba produciendo en otros lugares de Europa -como Francia y Gran Bretaña-, y la necesidad de modernización política -que en otros lugares fue posible dada la importancia de la clase burguesa propietaria de fábricas y comercios-. Pero en España la burguesía era escasa y tenía un débil protagonismo político. Los campesinos, braceros y jornaleros formaban el grueso de la clase trabajadora que labraba la tierra de los terratenientes, ante cuyos abusos de poder se levantaban los trabajadores dadas las malas condiciones de trabajo y el hambre que sufrían las familias, pero sus movimientos revolucionarios eran fuertemente reprimidos por la Guardia Civil que preservaba los intereses de los latifundistas (propietarios de tierras). A finales del siglo XIX esto junto con el paro y la pobreza en los campos, provocó el éxodo masivo de campesinos a las ciudades, donde muchos trabajadores eran explotados en condiciones infrahumanas por el naciente capitalismo de las fábricas: jornadas interminables, trabajo infantil, hacinamiento y bajos salarios. En cuanto al sistema político, tras la Restauración monárquica de Alfonso XII, éste quedó reducido a dos partidos principales: el Conservador y el Liberal, que representaban los intereses de diferentes sectores de la oligarquía terrateniente (los productores de vino y aceitunas del sur en el Conservador, y los productores de trigo de la Meseta en el Liberal). La diferencia entre ambos se basaba en una cuestión económica: el partido Conservador defendía el libre mercado y el Liberal apoyaba medidas proteccionistas. Ambos gobiernos se sucedían con regularidad debido a la manipulación electoral de los jefes locales o caciques, y esta exclusión de las clases trabajadoras del poder político manipulado, llevaba a las masas hambrientas a situarse ante dos opciones: la apatía o la violencia. A grandes rasgos, esta situación hizo que la sociedad se dividiese en dos grupos con intereses sociales y económicos enfrentados: los terratenientes y los industriales por un lado pertenecientes a partidos de la derecha reaccionaria que ya identificamos anteriormente con el color azul de los nacionalcatolicistas, y los obreros y los campesinos de la tierra por otro, mayoritariamente pertenecientes a sindicatos y partidos de la izquierda roja republicana, socialista y anarquista. Ambos grupos, en ocasiones violentamente enfrentados, protagonizaron la alternancia en el poder hasta que la derecha decidió irrumpir por la fuerza mediante el golpe de Estado del General Franco en 1936, y después de la sangrienta resistencia de la guerra civil, se hizo con la hegemonía en España, rompiendo bruscamente el fugaz e incipiente proyecto democrático de la Segunda República.

En cuanto a la representación gráfica de Carlos Giménez, nos llama la atención la composición piramidal que pudiera corresponderse a una representación visual del estatus de poder de los diferentes grupos sociales: en el vértice superior de la pirámide o grupo superior encontramos los dos varones, por debajo, a misma altura, comparten una posición subordinada obreros y mujeres, independientemente de que éstas sean de familia adinerada.

REFERENCIAS:
(1) Aurelia Martín Casares cita el célebre artículo de Verena Stolcke de 1999 ¿Es el sexo para el género como la raza para la etnicidad?, como referencia principal de la antropología de género. En este artículo Stolcke analiza “cómo en la sociedad de clases tienden a legitimarse y a consolidarse las desigualdades sociales conceptualizándolas como si estuvieran basadas en diferencias naturales inmutables.(Puedes leerlo aquí)

(3) Preston, Paul (2009): La guerra civil española. Una historia concisa, Random House Mondadori, Barcelona, p 20.